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DE LA BURBUJA.COM AL CLOUD COMPUTING

por adecintel el 11/01/2011 14:09, en ARTICULOS Y ESTUDIOS

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No somos dados a recordar que en algún momento de nuestra historia no había internet y aún así sobrevivimos sin computadoras.  La revolución informática de los últimas 20 años ha  impacto nuestro quehacer humano, tal vez como ninguna otra tecnología lo había hecho, transformando  la sociedad y la  economía mundial a tal grado que no sabemos si vivimos  una nueva de oro o de oscurantismo medieval.

En la Industria de las TIC, se presume que la tendencia mundial tiende a ser la masiva, unívoca y personalizada conectividad digital, producto de la reducción en el costo de acceso a Internet y el aumento en la oferta de terminales segmentadas estilo Smart Phones, iPod touch, iPad, entre otros productos tecnológicos, que permiten la interactividad parcial sin constituir un computador tradicional.

Por el lado de la demanda, la vinculación positiva del internauta que se apropia de aplicativos y conocimiento, bajo la figura de  la sociedad de la información, se espera que  demande de  la industria inversiones estratégicas en la provisión de más redes, conexión mas rápida, equipos, contenidos y aplicaciones modernos ante la creciente incursión en el uso de las nuevas  tecnologías, los mayores niveles de cruce de contenidos, la especialización de las redes, el uso intensivo de la infraestructura y la demanda de mejores servicios.

Desde el punto de vista de los ingresos, la necesidad, oportunidad o capacidad de compra, la limitación de recursos y la restringida disponibilidad de ingresos adicionales de la mayoría de los ciudadanos del mundo, así como la mayor disposición de información, prevén el aumento del reciclaje de infraestructura tecnológica (de por si costosa),  la repotenciación de equipos (para alargar su muy baja vida útil), y la optimización en la demanda de acceso a Internet y comunicaciones producto de un mayor nivel de conocimiento.

Los cambios y las nuevas tecnologías además de procurar el ahorro, inducen al usuario, a buscar  la generación y el sostenimiento del autoempleo o  empleos endógenos,  el desarrollo de procesos que induzcan  a la obtención de ingresos marginales, y  a partir del conocimiento técnico, el fortalecimiento de su posición en el reacondicionamiento de la industria.

El empoderamiento de las comunidades educativas, gremiales, empresariales e inclusive administrativas de los gobiernos locales en torno a la provisión de conectividad conjunta, de uso de contenidos estratégicos, de utilización de aplicativos o software libre y disposición de centros colectivos de acceso, auguran una mejor eficiencia en el uso universal del recurso tecnológico de nueva generación, basado en la Internet y las comunicaciones inalámbricas.

La conceptualización, infraestructura y los dispositivos orientados al denominado Internet masivo en la nube, Cloud Computing, parecen constituir  un retorno a la computación centralizada, al uso compartido de recursos y al sentido de la  colectivización como instrumento de  incorporación del ciudadano común en la era digital.

Este término muy de moda en Internet, cloud computing, asociado al termino cloud storage, es decir, almacenamiento en la nube, designa, en esencia, que toda la información,  datos, aplicativos  o programas de un usuario, conglomerado,  empresa u organización pueden estar en Internet,  y ser susceptible de acceso, actualización y compartición desde cualquier ordenador (PC, portátil, portable,  o móvil).

Guardadas proporciones y frente al latente enigma de la seguridad informática, la gran diferencia frente a la realidad que se vive  hoy en día en la World Wide Web, como sistema de distribución de información basado en hipertexto o hipermedios enlazados donde se deposita parte de la información mundial a gran escala, es que el cloud computing conlleva restricciones, mayores costos e indica mucho el hecho de provenir de las entrañas de la propia industria de TIC (Dell, HP, APPLE, Telefónica, Hawey, Intel, Samsumg, etc), por lo cual no es exenta de ser un masivo fenómeno burbuja, similar al generado  por las denominadas  empresas.Com en la década de los noventa y otras manipulaciones de la economía no menos espectaculares productos de mentes humanas desenfrenadas por el lucro, tal como la primera gran especulación accionaria hace 400 años con los tulipanes en Holanda.

Sobre el año de 1985,  Japón, como hoy se dice de la China, era el gran protagonista de la economía más poderosa y dinámica del mundo. Su dominio en el Mercado de la electrónica y la industria pesada era innegable: para finales de los años ochenta, Japón producía más acero y automóviles que los Estados Unidos, su bolsa de valores era más valiosa que la de Nueva York y sus bancos eran los más robustos del mundo.  Sin embargo a principios de los años noventa, la gran burbuja japonesa estalló, marcando el inicio de una recesión que duraría varias décadas.

La proeza tecnológica del Japón,  que había descuidado el sector que sería la vanguardia de la denominada “nueva economía” - la tecnología de la  información, fue rapidamente retomada por un grupo de pequeñas empresas, creadas por visionarios como Bill Gates que diseñó su primer sistema operativo desde un sótano, o Michael Dell que comenzó a comercializar computadoras desde su dormitorio de universidad.

Este talento empresarial no sería nada comparada con lo que se esperaría a mediado de los años noventa.  Para el momento el Internet se había popularizado y abría las puertas a un sinúmero de servicios disponibles para todos aquellos conectados a esta nueva red global.

La bolsas mundiales, no tardaron en reorientar sus recursos patrocinando  a cientos de  nuevas empresas o “startups” como se les llamaba in inglés, independientemente de si su modelo de negocios era un fraude y que buscaran triunfar en mercados saturados donde gracias a los efectos de red, solo una empresa (a lo mucho) sería exitosa. Muchas de estas mismas empresas estaban operando con pérdidas millonarias también, mantenidas a flote bajo la esperanza de cuantiosas ganancias a futuro.

Así se dio origen al denomina fenómeno burbuja punto com, corriente especulativa muy fuerte entre 1997 y 2001, en la cual las bolsas de las naciones occidentales vieron un rápido aumento de su valor debido al avance de las empresas vinculadas al nuevo sector de Internet. 

La combinación de un veloz aumento de precios de las acciones, la especulación individual y la gran disponibilidad de capital de riesgo crearon un ambiente insostenible. El estallido de la ilusion.com marcó el principio de una relativamente suave, pero nueva recesión en las naciones occidentales.

La técnica más común para alcanzar el éxito financiero para estas empresa, impulsadas desde los mismos Estados como instrumentos de desarrollo, era la oferta pública inicial o IPO (Initial Public Offering – como se conoce popularmente en inglés). Un IPO involucraba convertir a la nueva empresa – hasta ahora privada – en una empresa pública, mediante su cotización en alguna bolsa de valores. Debido a la gran demanda para estas compañías, un IPO generalmente lograba que los precios de las acciones se dispararan, convirtiendo a sus dueños en multi-millonarios instantáneos y dando la impresión de que no había producto o servicio en línea que no fuera suceptible de ser sujeto de comercialización.

A partir de la crisis de la burbuja (la caída del Nasdaq), las empresas punto com propiciaron una serie de cierres, fusiones, adquisiciones y despidos, que hizo que algunos analistas sostuvieran que la llamada “nueva economía” nunca existió, que se trató de una gran “burbuja” montada por algunos oportunistas para llenarse de dinero.

A efectos de dimensionar el tamaño de la crisis, el índice Nasdaq (bolsa electrónica de Nueva York) llegó en marzo del año 2000 a cotizar por sobre los 5000 puntos, pasando en poco tiempo a cotizar sobre los 3500, y en octubre de 2002 a cerca de 1300 puntos, valores similares a los de diciembre de 1996.

En el periodo comprendido entre el año 2000 y el 2003, desaparecieron 4.854 compañías de Internet, ya por haberse fusionado con otras o por quiebra, originando la recomposición del sector y el desplome de muchas políticas estatales basadas en estas prácticas empresariales.

La caída de las acciones de empresas tecnológicas, tuvo como causas principales el cambio de expectativas sobre las empresas punto-com  por parte de los inversionistas que comenzaron a notar que los principios de la nueva economía no eran tan distintos a los de la vieja, además que el dinero invertido en los start-ups no se recuperaba en un plazo razonable ante el desmedido afán de lucro de los nuevos empresarios y funcionarios públicos que gravitaban en su contorno.

Igualmente,  que los modelos de negocios basados en el B2B y sus variantes subestimaron la complejidad de la práctica comercial, los costos de logística, el manejo del recurso humano  y distribución, y sobreestimaron algunos efectos de la economía en red de difícil comprobación empírica: la economía de la abundancia y la premisa de prestar servicios gratuitos porque la red recompensa la gratuidad.

La burbuja de las empresas punto com hizo que todos aprendiéramos sobre la importancia de no sobrevalorar demasiado las ayudas, los medios tecnológicos  y los nuevos desarrollos que aún no conocemos y creemos que tendrán mucho más futuro del que realmente tienen.  Igualmente  sobre la masificación de las políticas públicas, ya que lo que puede funcionar eficientemente en un país, puede que no funcione en otro.

Por ello,  considerar que la masificación de las conexiones a Internet, el aumento en la disposición de terminales  o la apropiación de modismos por conveniencia, no son prenda de garantía para que la tecnología se constituya como eje transversal de la prosperidad democrática  para los colombianos y pilar reductor de la pobreza.