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MEJOR RICOS QUE POBRES!!!

por adecintel el 05/02/2015 13:55, en ARTICULOS Y ESTUDIOS

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Kid Pambelé

y el Plan Nacional de Desarrollo Colombia 2014 - 2018

En 1986, a fin de reducir la pobreza, las desigualdades y la inequidad, Colombia acogió la Carta de Ottawa, como uno de los documentos rectores de la política nacional. El lema de la carta “salud  para todos en el año 2000”,  se justificaba ante el creciente rezago en salubridad, deuda social y las nuevas demandas de bienestar.

En la década de los noventa, las reglas del mercado en nuestro país se movieron bajo los postulados del consenso de Washington, que tras una lista de políticas generales, originó un paquete de medidas económicas pensadas para Latinoamérica.  La disciplina fiscal, el reordenamiento del gasto público, las reformas impositivas, la liberalización de los tipos de interés y el tipo de cambio, con la liberalización del comercio internacional, las privatizaciones, la desregularización y el tema de derechos de propiedad intelectual, hicieron parte de nuestra agenda para generar riqueza, trasparencia y equidad.

En el inicio del siglo XXI, el país se acogió a la “Declaración del Milenio”, lineamiento de lucha contra la pobreza, el hambre y las enfermedades, que al masificar la enseñanza primaria universal, promover la igualdad de género y autonomía de la mujer, reducir la mortalidad infantil y salud de maternas y combatir enfermedades específicas, garantizaría el aumento del bienestar, la sostenibilidad ambiental y fomentaría la asociación mundial para el desarrollo.

En la era autoproclamada de la “Tercera Vía”, del primer gobierno del presidente Juan Manual Santos, bajo el principio de “mercado hasta donde sea posible y Estado hasta donde sea necesario”, se buscó impactar y generar cohesión social a través de la generación de empleo, educación e igualdad de oportunidades.  Las denominadas locomotoras de la economía y la firma de un acuerdo de paz como factor de trasformación económica y social, conducirían al país a un crecimiento sostenido y finalmente al camino hacia la prosperidad.

Transcurridos 29 años desde la firma de la Carta de Ottawa; 14 años de la Declaración del Milenio y aplicadas las Políticas del Consenso, del Estado comunitario y la Tercera Vía,  podemos concluir que el estado Colombiano, ha dado pasos en la implementación de iniciativas sociales de toda índole con mejoras relativas en la calidad de vida de los nacionales, acompañados de vertiginosos procesos de recambio tecnológico, privatización y desregulación estatal. Lo anterior no hubiera sido posible sin el aumento significativo de la deuda pública a límites insospechados.

Al respecto, un estudio de la Dirección General de Presupuesto Público Nacional, Subdirección de Análisis y Consolidación[1], indica que en 1990 la deuda interna y externa sumaba $ 790 miles de millones; en el año 2000, $ 16.54 billones y en 2010, $ 37.89 billones.  Para el año 2013, acorde a un informe de la Contraloría General de la República la deuda bruta del sector público colombiano ascendió a $ 315,04 billones[2] y al corte de diciembre de 2014, según el informe de deuda pública del Ministerio de Hacienda y Crédito Público de Colombia, esta alcanza la suma de U$ 289.865.930,[3] que a un cambio de  $ 2.200 por dólar sobrepasa los $ 637.70 billones de pesos.

El Plan Nacional de Desarrollo 2014 – 2018, ‘Juntos por un nuevo país’ que acaba de ser aprobado por el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) y que inicia debate ante el Congreso de la República, contempla una inversión cercana a los $ 700 billones de pesos durante los próximos cuatro años, incluida la caída fiscal en los precios del petróleo.  El documento de catorce capítulos con más de 200 artículos, en su mayoría está regido por las recomendaciones y postulados que entregó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) al presidente Juan Manuel Santos.

Precisamente, es en el ingreso al ‘club de los países ricos’ como prioridad de Gobierno, donde se enmarca el ideario que ordena “redoblar los esfuerzos” para estar acorde con las buenas prácticas de estas naciones, asumiendo quizás un estilo de vida que no nos corresponde, o al cual se podría llegar por otras vías.  La coyuntura económica impone una realidad innegable y la perentoria búsqueda de recursos necesarios para financiar el metro de Bogotá, el censo de población 2016, la cobertura universal en educación media y la jornada única de educación, o resguardarnos del desplome en las cotizaciones del crudo que genera un faltante cercano a los 15 billones de pesos en el próximo período fiscal. Lo lógico es presumir, ante la evidencia y tradición, que Colombia se  volcará hacia la banca multilateral, a fin de cubrir con crédito interno y externo el déficit que se avecina, endeudando a niveles peligrosos las futuras generaciones. Cada colombiano o colombiana que nace adquiere una deuda a través del estado de  $ 13.2 millones, más intereses.

Los postulados del “Manifiesto de la Ocde” relacionados con una reforma tributaria para subir el IVA al 19%,  imponer un gravamen a los dividendos o eliminar algunas exenciones en el impuesto a la renta personal, nos ponen al límite de lo que no podemos.  La modificación del sistema pensional, que incluye  el reducir la pensión mínima a menos de un salario mínimo,  subir los años de salario sobre los cuales se calcula el valor de la mesada pensional, equiparar la edad de jubilación de la mujer con la del hombre, en 62 años,  aumentar la edad general de retiro, igualar los dos planes actuales –público y privado–, porque “el público es demasiado generoso”, eliminar algunos regímenes especiales, y menos ‘gabelas’ o mantener el incremento del salario mínimo cercano a la inflación, y a mediano plazo diferenciar el salario mínimo por edades, no ponen al límite de lo impensable.

La alegre, azarosa, paupérrima y fastuosa vida de Antonio Cervantes, y su celebra frase, “mejor rico que pobres”, la cual nunca pronunció, nos deben llamar a la reflexión, para que ‘Juntos por un nuevo país’, donde se quiere entrar al ‘club de los países ricos’ garanticemos la supervivencia de todos y todas, ya que sería altamente injusto que nuestra generación no sea responsable y comprometida con las próximas por el inmediatismo que nos rodea. “Hay que encontrar el medio que preserve a las venideras generaciones de la codicia, la avaricia y voracidad de las que le precede”.

 

Ing. Miguel Ospino Rodríguez

Espacio de Comunicaciones Progresistas

Bogotá – Colombia.



[1] http://adecintel.blogia.com/2011/051201-de-la-carta-de-ottawa-la-declaracion-del-milenio-y-la-tercera-via..php

[2] http://www.contraloriagen.gov.co/documents/10136/186962495/Informe+de+la+Situaci%C3%B3n+de+la+Deuda+P%C3%BAblica+Colombiana+2013.pdf/34533c19-bc8f-46d1-b18a-da1f66b7790a

[3] http://www.irc.gov.co/irc/es/infodeudapublica/infoestadistica